miércoles, 19 de septiembre de 2012

Toda una Vida




Se encuentra en cartelera la cinta inglesa Toda una Vida o en su título original Another Year (2011). La película está dirigida por el reconocido Mike Leigh, que como es de esperar le añade a este trabajo todos los elementos que son reconocidos en su obra.

Toda una Vida nos relata la manera como un matrimonio feliz, cercano a la tercera edad, Tom y Gerry interpretados por Jim Broadbent y Ruth Sheen, viven su vida entre cosechas en el jardín y sus relaciones con amigos cercanos. Durante la historia vamos conociendo a estas personas, cuyas  vidas están marcadas por una soledad que se cubre cuando se encuentran con esta pareja de esposos.

En primer lugar está el propio hijo del matrimonio, un hombre de 30 años que aún se encuentra soltero y que siente la sutil presión de su entorno para encontrar pareja. Por otro lado, está el amigo de toda la vida de Tom, Ken interpretado por Peter Wight, un obeso divorciado que no puede jubilarse y que vive de la nostalgia de su juventud en bares y pubs.

Pero la persona que más comparte con el matrimonio de Tom y Gerri es Mary, actuada por Lesley Manville. Mary es compañera de trabajo de Gerri, es una secretaria entrada en sus años, que se viste como joven y que sigue en busca de ese amor que le ha sido esquivo.

Mary es una mujer atractiva pero que no puede disimular su edad, entretenida hasta que el alcohol la hace perder los papeles y que a pesar de su patetismo muestra una sensibilidad extraordinaria.  Durante el filme la vemos comprar un auto que no puede manejar, coquetear sin éxito con el hijo de Tom y Gerri y en una búsqueda constante de compañía.

La película de Mike Leigh es una vez más un estudio minucioso y hasta subversivo de la clase media londinense. Así como lo hizo con cintas como Secrets and Lies (1996) y Happy Go-Lucky (2008), en Toda una Vida, el director nos muestra retratos de personas corrientes, cuyas vidas transcurre en lo cotidiano y en lo sencillo. En este caso, este grupo de gente mayor reconoce que su vida está acercándose a su última etapa y que la muerte es una realidad cada vez más cercana.

En Toda una Vida no tenemos un drama común, sino más bien una comedia agridulce, con momentos de ternura y momentos que provocan la reflexión. Leigh apuesta por diálogos largos, que incluyen tanto palabras sencillas como evocaciones a experiencias pasadas. La película está filmada casi íntegramente en la casa de Tom y Gerri, la cual es el refugio para sus solitarios amigos. Mientras que Tom y Gerri prefieren refugiarse en un huerto donde son ellos mismos quienes se confrontan.

El guion de la película está perfectamente estructurado, generando situaciones en las que muchos se pueden sentir identificados. En esta ocasión, además se recurre a usar el relato dentro de las cuatro estaciones del año. Pero en ningún caso se cae en estereotipos, por ejemplo la historia de amor no se presenta en primavera o en verano sino en el otoño.

Una vez más, Mike Leigh, consigue un trabajo hermoso de sus actores, con actuaciones que no son exageradas pero que son totalmente convincentes. Está notable Lesley Manville como Mary, en un papel lleno de vida y de carisma; pero el verdadero hilo conductor de la historia es Ruth Sheen como Gerri, una especie de madre tierra que une, acoge y abraza a todos los personajes.

Notable película que nos desnuda a la clase media londinense y que presenta un poco comprometido y honesto estudio de la madurez en la vida de las personas. Es un filme que habla sobre relaciones y lazos entre personas que se quieren, pero lo hace con una simpleza que hace que la historia sea sumamente creíble para el espectador.   Totalmente recomendable. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

El Secreto de Albert Nobbs







































En la Irlanda del siglo 19, una mujer decide vestirse y actuar como hombre para poder trabajar. Desde el inicio de la película sabemos que Glenn Close es esa mujer y que Albert Nobbs es el personaje que ha creado. Nobbs es mayordomo en un hotel que tiene apariencia de residencia pero también de casa de citas. La dueña del hotel es una mujer que recibe a sus huéspedes como si fueran sus invitados, ofrece fiestas para ellos, trata de crear un espacio de escape a los problemas que se viven afuera.

Dentro de ese ambiente donde abunda la frivolidad aparece la figura de Nobbs, como el mayordomo responsable, discreto, aquel que despierta la confianza de todo el mundo por su sobriedad y seriedad. El rostro pálido de Nobbs lo muestra casi como un ser muerto que está acostumbrado al sacrificio de tener que encubrir su identidad.

Pero esa apariencia tétrica cambia cuando conoce a Hubert Page, un fornido pintor con quien es obligado a compartir una noche en su habitación. En ese momento, el secreto sobre la identidad de Nobbs se ve descubierto y la seriedad masculina de su presencia se convierte en una vulnerabilidad femenina.

Nobbs descubre que Page es también una mujer y que al igual que él, ha creado toda una identidad para poder sobrevivir a los prejuicios de la época. En este momento, Nobbs empieza a idealizar la vida de Hubert, que además está casado con una mujer y tiene una vida de felicidad. Así, Nobbs fantasea con la posibilidad de escapar de esa soledad a la que se sentía obligado y para ello empieza a enamorar a una muchacha que trabaja en el hotel, Helen interpretada por Mia Wasikowska.

La trama se complica cuando Helen se enamora de otro muchacho y una serie de tragedias ocurren alrededor de los personajes. El guion presenta elementos interesantes que pueden hacer que la película sea vista como una cinta de ideales feministas y personajes que rompen con el orden de una época. Sin embargo, la dirección de Rodrigo García no termina de definir ninguno de estos elementos. Por el contrario, cae en el relato simple de hechos, sin generar mayor emoción o algún tipo de empatía con los personajes.

Esta película pudo haber sido fácilmente una novela televisiva o una miniserie dado que carece de los recursos que el cine ofrece para poder construir un relato atractivo. A pesar que el trabajo de la dirección de arte y el maquillaje son impecables, el resultado final es un film mediocre que no termina de dibujar los elementos de la trama. Es decir, se presentan situaciones que no llegan a unirse y terminan siendo pedazos al aire que hacen que el espectador pierda interés.

Lo más rescatable de la cinta es el trabajo actoral de Glenn Close en el papel principal, pero sobretodo el de Janet MacTeer como Hubert Page. La veterana Close hace el esfuerzo de convertirse en un hombre, como si fuera la misma mujer que trata de ser el mayordomo que vemos. Como siempre, su actuación es disciplinada y reafirma su calidad de actriz. Pero el protagonismo de Close se pierde cada vez que vemos a MacTeer en pantalla, su presencia imponente, su uso de gestos y hasta la manera de hablar hacen que no veamos a una mujer jugando roles sino a una persona que ha creado una identidad propia. Ambas estuvieron nominadas al Oscar, pero creo que MacTeer es la única que realmente se lo merecía. 

miércoles, 15 de agosto de 2012

Batman: El Caballero de la Noche Asciende




Batman – El Caballero de la Noche Asciende es la última entrega de la trilogía que Christopher Nolan le ha dedicado al comic creado por Bob Kane hace más de 50 años. El éxito logrado con Batman Begins (2005) y Batman – The Dark Night (2008), hicieron que la expectativa puesta sobre esta nueva cinta sea bastante alta.

Como ocurre con los grandes directores, Nolan ha sabido darle un estilo particular y propio a la historia del millonario Bruce Wayne. Y así como Tim Burton convirtió a la historia de Batman, en un mundo lleno de figuras caricaturescas y con una fuerte influencia surrealista; Nolan ha creado más bien mundos bastante reales, con dramas cargados de un trasfondo filosófico y que juegan con crisis de identidad y problemas mentales notorios.

Para Nolan, Batman no es un superhéroe y mucho menos es un superhombre, por el contrario se trata de una persona que lucha con la delincuencia para poder luchar contra sus propios demonios. Es además un individuo que busca exponer su cuerpo a los mismos traumas a los que está expuesto su espíritu. A diferencia de las dos primeras cintas de la trilogía, en The Dark Night Rises, Nolan se concentra en la figura de Bruce Wayne. La primera vez que lo vemos en pantalla, simplemente vemos una sombra desfigurada que observa un banquete en su mansión. Es un hombre sin rostro, que ha perdido su identidad y que ha decidido aislarse del mundo.

A partir de ese momento, la película relata el ascenso del deprimido y abandonado Wayne para convertirse de nuevo en Batman, el Caballero de la Noche. Pero su ascenso no se puede dar en la ciudad Gótica del momento, una ciudad que vive en una fantasía pacifista y donde la delincuencia ha sido vencida por la opulencia de los poderosos y donde la tranquilidad vive casada con la aparente estabilidad económica y social. En esa burbuja de ilusiones, Batman no puede existir; por lo que es necesario crearle un némesis lo suficientemente amenazador en el cual Wayne pueda ver sustentado su apetito por justicia.

En la primera cinta de la trilogía ese papel lo tenía el Ra’s al Ghul de Liam Neeson, el líder de la Liga de las Sombras que cree en un orden establecido basado en la justicia más primitiva. Es un mercenario que cree en la violencia como medio para derrotar el status quo. Mientras que en la segunda cinta, el enemigo principal de Batman, es el Joker de Heath Ledger. En este caso, vemos un monstruo demente que no cree en absolutamente nada más que en el caos mismo. El Joker es una figura perturbadora, llena de un carisma repulsivo que lo hace atractivo y que rompe con la rigidez de Batman. Este último elemento es el que justamente creo que es la gran ausencia que tiene El Caballero de la Noche Asciende, una figura que pueda romper con el mito generado alrededor del hombre murciélago.

El Joker de Ledger fue tan impresionante que no solo le valió el Oscar póstumo al actor australiano pero que incluso le robó el protagonismo al mismo Batman en su película. En esta última entrega no existe un personaje que le dé la contraparte al notable Batman de Christian Bale. Ese es un error que aleja a este capítulo final de la excelencia que logró Nolan con su antecesora. Quizás se debió explotar más la figura de la Gatúbela que interpreta Anne Hathaway, que contiene varios elementos que la convierten en una figura que despierta emociones encontradas. Hay que resaltar que Tim Burton hizo de Michelle Pfeiffer una Gatúbela espectacular en la cinta de 1992 y que quizás Nolan debió emular en esta oportunidad.

Por lo demás, estamos ante una cinta de grandes dimensiones, con una narración ambiciosa que busca engranar grandes escenas de acción con pequeños dramas que generan un final desconcertante. En esos momentos, Nolan demuestra su manejo de la imagen, sin caer en un espectáculo demasiado fantasioso sino sustentando la emoción en escenas que demuestran realidad y que tienen un ritmo pausado.

El Caballero de la Noche Asciende no es una película de acción común y corriente, y no busca serlo. Es más bien un drama que usa los recursos de la violencia para presentar un conflicto de personalidades y una serie de luchas personales.

Lógicamente, también está presente el comentario social. Es innegable que Nolan busca presentar una crítica a la exagerada inversión armamentista que tienen los países desarrollados, además que el desprecio a una sociedad que vive una ilusión de bienestar es una clara referencia a la ilusión económica que vivían las grandes sociedades y que se ha ido derrumbando de manera estrepitosa.

Las escenas en las que reina la anarquía impuesta por Bane, son similares a las escenas que mostraban la revolución rusa en Doctor Zhivago (1965); es decir el despojamiento de los bienes de los ricos y el empoderamiento de los parias de la sociedad. Muchos comentarios en Estados Unidos han querido establecer un puente entre la película y la actual coyuntura electoral que vive ese país, pero creo que más allá de ser una historia que reivindique ideales de derecha o de izquierda, es un film que presenta una evidente lucha ideológica entre dos nociones distintas que existen sobre el orden en las sociedades.

Es cierto que algunos diálogos de la cinta pueden parecer muy “relevantes” o “históricos”, pero creo que son necesarios en tanto se busca presentar un final épico para una historia que bordea con la mitología moderna. Los superhéroes de los últimos años son justamente eso, mitos de las nuevas generaciones.

Hay que resaltar de igual modo, la capacidad que tiene Christopher Nolan para dirigir un elenco de grandes actores. Ninguna actuación se queda atrás, el director le otorga a los principales y a los secundarios una importancia que hace que todos sean cómplices de esta leyenda mitológica. Nolan ya había demostrado mucha destreza con un gran reparto en Inception (2009), en la saga de Batman se supera a sí mismo en la dirección actoral. La mejor actuación de esta última entrega la tiene Gary Oldman como el Comisionado Gordon, una figura que al igual que Batman debe luchar consigo mismo y con su pasado, pero que a diferencia del ermitaño Wayne cree en la posibilidad de un liderazgo dentro de la sociedad.

El Caballero de la Noche Asciende es una muy buena película, que no llega a superar a la segunda de esta saga de Batman, pero que de igual modo funciona muy bien. Es entretenida, emocionante y vale la pena ser vista y analizada más de una vez. 










miércoles, 27 de junio de 2012

Sombras Tenebrosas y Tenemos que Hablar de Kevin


Están en cartelera dos cintas que tratan el tema de la familia desde una visión monstruosa. En el caso de la cinta de Tim Burton, Dark Shadows (2012), apelando a una comedia irreverente. Mientras que en el caso de We Need to Talk About Kevin (2011), se ve el retrato más crudo de una realidad más atemorizante que cualquier fantasía.

Sombras Tenebrosas


Tim Burton es sin lugar a dudas, uno de los mejores y más trabajadores directores que tiene Hollywood. El estilo de Burton es único, su capacidad para crear fantasías plagadas de sombras y colores extravagantes lo han convertido en una figura imprescindible del cine moderno. Como toda carrera, la de Burton también ha tenido sus desaciertos, algunos de ellos realmente catastróficos. Sin embargo, nadie puede negar la expectativa que siempre despierta una cinta de este director.

En Dark Shadows (2012), Burton hace uso una vez más de esos detalles que vemos en todas sus películas. Ese cuidado por los escenarios, ese esfuerzo por crear mundos fantásticos, su manía en inventar personajes excéntricos y dañados como el recordado joven manos de tijera.

Y es que Burton siempre busca crear monstruos que tengan una dosis de humanidad o humanos con una dosis de monstruosidad. En Dark Shadows, se trata de toda una familia que vive bajo un hechizo que los ha condenado a una vida al margen de la luz, donde la figura más notable del árbol genealógico es un vampiro eternamente enamorado.

La trama se desarrolla cuando este vampiro es despertado de un largo descanso y decide devolverle a su familia el esplendor de tiempos idos. Para ello, tendrá que vencer a su némesis que es una bruja que está enamorada de él. Como en casi todas sus cintas, los personajes secundarios son uno más caricaturesco que el anterior, y en este caso tenemos a la psiquiatra alcohólica que busca ser joven eternamente y la calculadora tía que busca tener todo bajo control.

El ambiente del film es totalmente surrealista, una vez más Burton recurre a sus personajes pálidos, atrapados en el pasado, atormentados por la historia. Pero no estamos ante una cinta de aventuras o ante un drama de época, sino más bien ante una historia totalmente descomedida.

Es cierto, esa irreverencia por momentos cae en el completo ridículo, sobre todo hacia el final de la cinta. Pero eso no arruina una cinta que busca entretener y que logra sacar varias risas por lo chiflado del argumento. Y es que se trata de un film que no hay que tomarse en serio sino que hay que ver y disfrutar.

Como siempre, Burton vuelve a trabajar junto a su actor fetiche Johnny Depp, a quien  esta vez convierte en un sangriento y voluble vampiro. Una vez más, Depp se mete en la piel del personaje y nos vuelve a dar una actuación camaleónica. Igualmente, el director vuelve a utilizar a su esposa en la vida real, la actriz Helena Bonham Carter y después de haberla convertido en Gatúbela hace casi 20 años, con la siempre bella Michelle Pfeiffer.

Pero la actuación más notable es la de Eva Green como la bruja enamorada y vengativa. Es en ella, en quien Burton crea a la típica figura fetichista de sus filmes. Una mujer atractiva que no puede superar su incapacidad para los sentimientos, por lo que recurre a la manipulación y al misticismo.

El resultado final es una cinta irregular, que no deja una mala sensación en quien la ve pero que no llega a superar las expectativas que siempre se tienen en un director como Tim Burton.

Tenemos que Hablar de Kevin


We Need to Talk About Kevin (2011) de la directora escocesa Lynne Ramsay fue presentada en el Festival de Cannes del 2011 y desde ese momento llamó el interés, sobre todo por la actuación de Tilda Swinton en la misma.

Pero We Need to Talk About Kevin es todo una sorpresa, que supera de lejos todo interés sobre la misma. Se trata de la historia de una familia totalmente desgraciada, de la relación entre los padres y sus hijos, de sentimientos profundos como la culpa o el arrepentimiento.

Eva y Franklin son una pareja de esposos que tienen dos hijos, Kevin y Celia. El mayor de ellos es Kevin, a quien Ramsay presenta desde la concepción, pasando por su crecimiento como un niño particular y finalmente convirtiéndose en un joven desadaptado. Pero Ramsay no usa una narración lineal, sino que el film se desarrolla entre flashbacks constantes que nos muestran el pasado y el presente de Kevin y su madre Eva.

Desde un inicio sabemos que hay algo malo en Kevin y en su madre, pero la directora logra crear una sensación de pánico puesto que no sabemos que es lo que ha originado esa realidad. Todas las escenas de la cinta están impregnadas de algún detalle rojo, que nos recuerda la sangre de la tragedia de la trama pero también la sangre que une a los miembros de esta familia.

Ese rojo es el verdadero protagonista de la cinta, no solo por lo que representa sino porque lo fuerte de su presencia recuerda que la historia puede, y probablemente sea, totalmente cierta. Pero la directora usa varios recursos para presentarnos este drama, desde la ropa que usan sus actores hasta el hecho que en esa inmensa casa no existen adornos en las paredes ni cuadros que hagan pensar que se trata de una familia normal.

Pero el mayor logro de Lynne Ramsay es crear el personaje de Eva, interpretada magistralmente por Tilda Swinton. Es una mujer que anhela su libertad, que no entiende su embarazo y lo considera como el alejamiento de su juventud representada por las niñas bailarinas que corren a su alrededor después de su terapia. Es una mujer que no controla su frustración, que se siente incapaz de ser madre, que vive presa de sus recuerdos y de su propia culpabilidad.

Swinton está excelente como la madre que está criando un monstruo y que es incapaz de detener. Su capacidad para moverse de la libertad de su juventud a la frialdad de la desesperanza es admirable. En sus ojos vemos hundidos los recuerdos de una vida feliz, en su cuerpo está presente una irrenunciable soledad, su rostro está marcado por un dolor que no se puede ir.

No es coincidencia que mientras la película avanza la vemos tratando de limpiar el rojo que ha sido tirado a la fachada de su casa en los momentos iniciales. La película entera es ese deseo de Eva de poder limpiar la sangre que ella siente que tiene en sus manos y que parece perseguirla a cada segundo. Es un fantasma que deambula por las calles y que como ello, recibe el desprecio de una sociedad que la desprecia porque no la comprende.

Maravillosa historia la que nos presenta Lynne Ramsay, We Need to Talk About Kevin es un gran estreno que enriquece nuestra cartelera. La actuación de Tilda Swinton es espectacular, quizás la mejor de toda su carrera. Definitivamente es una actuación que se merecía la atención del Oscar el año pasado, esta interpretación es superior que al menos dos de las nominadas, incluyendo a la ganadora.

No hay que dejar de ver We Need to Talk About Kevin, una película que levanta el debate sobre temas familiares y sociales que son necesarios. Totalmente recomendable.




viernes, 22 de junio de 2012

Un Método Peligroso


Por fin llegó a nuestra cartelera A Dangerous Method (2011), cinta dirigida por el legendario David Cronenberg y que presenta la relación entre los padres del psicoanálisis Sigmund Freud y Carl Jung. A primera vista, se podría pensar que se trata de una simple cinta histórica, pero el resultado es un film complejo con bastantes aristas que solo un director como Cronenberg puede lograr unir de manera tan notable.

La película empieza con la llegada de una mujer, Sabina Spielrein, en estado frenético a un centro de rehabilitación. Esta mujer será objeto de todas las técnicas de curación conocidas hasta la época, hasta que se convierte en paciente del doctor Jung. Este a su vez, ve en ella la paciente perfecta para poder investigar la teoría iniciada por Freud sobre el psicoanálisis.

La historia se desenvuelve entre la relación entre el doctor y la paciente, la cual se convierte en una relación de cooperación mutua, lo cual despierta en ella el interés por estudiar y convertirse en una profesional como Jung.

La investigación de Jung con su paciente hace que recurra al profesor Freud para que ambos terminen de presentar la teoría del psicoanálisis que terminaría revolucionando la ciencia de la medicina mental hasta nuestros días.

Pero la película, repito,  no es solo un relato de hechos históricos que buscan presentar el nacimiento de un hecho relevante para la humanidad. Por el contrario, es un estudio detallado de una época y de tres personas que no pueden dejar de confundir sus propias pasiones con sus intereses profesionales.

Cronenberg dibuja a sus protagonistas de tal manera que nos confunde por momentos y no sabemos si estamos ante el paciente o ante el galeno. Las escenas en las que están Spielrein y Jung o Freud y Jung o Spielrein y Freud, son totalmente cuadradas,  la pantalla se concentra en los dos rostros poniendo uno en un plano principal y difuminando el segundo detrás.

La ilusión de paciente y doctor se pierde cuando los roles se invierten y en esos momentos Cronenberg cambia el lente y la imagen para generar la misma ilusión óptica. Lógicamente, la trama se complica mientras vamos descubriendo el origen de los problemas mentales de Spielrein. Pero en el camino, vamos descubriendo los fantasmas de Jung quien además empieza a cuestionar a su mentor Freud.

El juego de relaciones que se crea entre los tres es sumamente interesante, el director se encarga de desenmascarar las verdaderas personalidades de los tres. La película exhibe los miedos, las fobias, las manías y hasta los vicios de los personajes, uniéndolos a través de los mismos.

Evidentemente la connotación sexual está presente, pero esta se muestra de manera directa sin influencias morales. En general, el estilo de dirección de Cronenberg en esta cinta es clásico, no busca impresionar sino acaso mostrar de manera congruente un periodo de tiempo donde la inocencia estaba a punto de perderse a raíz de la Primera Guerra Mundial.

Así vemos al director alejarse de su manera de dirigir películas absorbentes y hasta intoxicantes como Crash (1996) o Dead Ringers (1988). En esta cinta, Cronenberg apuesta por la pulcritud, por un estilo narrativo lineal, no por ello menos atractivo.

Uno de los mejores logros de la cinta es además su dirección artística, los ambientes están creados a la perfección, llenos de colores blancos y detalles de época. Cronenberg siempre ha sido un perfeccionista al momento de crear los espacios en sus cintas y en esta lo logra con excelencia.

Pero sin lugar a dudas, es la manera de manejar a sus actores lo que hace que la cinta tenga tanto éxito. Keira Knightley esta sorprendente como Spielrein, su papel empieza con la exageración de la enfermedad mental y termina con la tranquilidad del control que ejerce sobre la ciencia. Su actuación es notable, entregada por completo al papel, llena de facciones que la desdibujan de la figura frágil, dulce o heroica con la que la hemos visto en películas anteriores.  

De igual modo, Michael Fassbender vuelve a demostrar porque es el actor de moda. Su capacidad para interpretar a Jung es increíble, a diferencia de Knightley, en Fassbender vemos un talento por mostrar sentimientos íntimos pero con gestos cortos, con miradas directas o apenas con su propia presencia.

En su tercera película juntos, Cronenberg logra sacar lo mejor de Viggo Mortensen, esta vez ya no como el asesino desalmado de A History of Violence (2003) o Eastern Promises (2007), sino más bien como un Freud paternal, reflexivo, anonado en sus propias teorías. Siempre con un habano en la boca, el Freud de Mortensen es el verdadero catalizador de las demencias de Jung y Spielrein y de la película en general. Notable actuación de este gran actor, que realmente sorprende su ausencia en la lista de nominados al Oscar del año pasado.

A Dangerous Method es una cinta apasionante, inteligente, llena de momentos reflexivos. Los giros que da la trama la hacen sumamente emocionante. Sin lugar a dudad es una nueva gran película de un gran director, quizás de los mejores que trabajen en la actualidad. No hay que dejar de ver este film que enriquece de gran manera nuestra alicaída cartelera.

martes, 19 de junio de 2012

Prometheus


Uno de los estrenos más esperados del año era Prometheus (2011) de Ridley Scott. Se trataba de una cinta esperada no solo por el prestigio de su director sino porque marcaba su retorno al género de la ciencia ficción, en el cual nos entregó obras tan geniales como Blade Runner (1982) y Alien (1979).

Prometheus, busca justamente, ser algo así como la precuela de esta última cinta, que marcó toda una generación y que es el inicio de toda una serie de cintas sobre alienígenas de distinta calidad. Pero creo que Prometheus debe ser vista como un trabajo independiente de la cinta de 1979, puesto que tiene elementos que si bien es cierto explican el origen del extraterrestre monstruoso que todo el mundo conoce; esta es también una cinta de aventuras y donde la ciencia ficción se sustenta en la búsqueda de algo más trascendental.

Es el año 2093 y un grupo de científicos se encuentran en un viaje espacial en busca del origen de la humanidad. Desde este momento sabemos que la travesía de estas personas busca hacerle honor al nombre de la nave, Prometeo, aquel titán mitológico que gustaba tentar a Zeus en el Olimpo.

La misión de la tripulación de esta nave es exactamente esa, buscar al creador de los seres humanos, rompiendo con los preceptos de la fe y lógicamente desafiando al Dios que conocemos. Los científicos van acompañados de un cyborg que aparentemente carece de sentimientos y de una mujer que tiene la frialdad de un robot (Charlize Theron).

Lógicamente la mayor acción se desarrolla a partir del momento en que la nave llega a su destino. En dicho lugar, no solo se descubre una civilización muerta sino que la manipulación de nuestros protagonistas hace que estas ruinas ácidas empiecen a generar vida nueva. En ese trayecto, la acción llega a su cumbre cuando nos damos cuenta que no estamos ante un descubrimiento sino ante una amenaza.

Ridley Scott es un director que sabe manejar perfectamente la acción, lo demostró no solo en los títulos iniciales de estas líneas sino también de manera muy eficiente en las más recientes Gladiator (2000) y en Black Hawk Down (2001). En esta última, que llegó a nuestras salas como La Caída del Halcón Negro, Scott creo un ambiente envolvente que permitía aumentar la emoción a cada momento. En Prometheus se siente esa misma atmósfera absorbente, por momentos repulsiva, llena de colores negros que emulan un ácido que parece sangre negra.

Los mejores momentos de la cinta son aquellos en que vemos a los seres humanos en peligro, en ellos Scott nos hace sentir de manera vívida lo tórrida de la experiencia. Para esto usa efectos especiales muy bien logrados pero también la sencillez de las viejas cintas de ciencia ficción que no muestran al enemigo sino que se quedan en presentar la amenaza.

Como era de esperar, Scott muestra que los humanos somos seres vulnerables y que a diferencia de las figuras mitológicas, nuestras limitaciones emocionales nos impiden trascender. La película, sin embargo, se pierde por momentos. Sobre todo en aquellos en los cuales justamente se busca crear un juego de sentimientos dentro de la tripulación, como los de padre e hija o aquellos del cyborg que resulta siendo más humano que robot.

Otro desacierto que encuentro en el film es que se busca forzar demasiado el tema teológico. No solo se trata de una insinuación filosófica sino que termina siendo un argumento repetitivo que le resta méritos a la historia.

Por otro lado, Ridley Scott ha encontrado en Noomi Rapace una actriz que sabe llevar muy bien el papel de la heroína principal. A diferencia de Sigourney Weaver, a Rapace se le siente más vulnerable, pero los momentos más emocionantes de toda la película le pertenecen a ella. Fácilmente, se convertirá en una figura de acción del cine. Sus escenas están llenas de sangre y destroza lo más esencial de la naturaleza femenina en una escena que probablemente dejara boquiabiertos a varios.

Los efectos especiales de la cinta son maravillosos, espectaculares en todo el sentido de la palabra. De igual manera, la dirección artística. Si bien es cierto nos hace recordar la nave original de Alien (1979), los primeros minutos son un completo homenaje a 2001: A Space Oddissey (1969). La similitud entre Prometeo y la nave de la cinta de Kubrick es evidente y el cyborg que interpreta Michael Fassbender es una mezcla de aquel astronauta solitario con la manipuladora computadora que lo atormenta.

El resultado final de Prometheus es una buena obra de ciencia ficción, con elementos de aquel gore que no llega a ser saturante sino que permite desarrollar de manera efectiva una realidad distinta a la normal. Es una cinta emocionante, con elementos de buen cine de aventura. No hay que buscar solo el origen del alien, el cual resulta siendo totalmente sorprendente, sino que hay que disfrutar todos los elementos del film como el buen trabajo en el sonido y lo novedoso a nivel visual.

Un tip final, la película se disfruta más en 3D; sin embargo su calidad no se pierde si se ve en una sala regular. Prometheus es la perfecta opción para aquellos que van en busca de entretenimiento al cine y que disfrutan de historias que los hacen saltar de las sillas de vez en cuando. 

miércoles, 13 de junio de 2012

Mi Semana con Marilyn



Sigue en nuestra cartelera My Week with Marilyn, cinta que relata los días que la legendaria Marilyn Monroe pasó en Inglaterra para filmar The Prince and the Showgirl (1957) junto al no menos legendario Laurence Olivier.

Para todos aquellos que amamos el cine, siempre es entretenido ver una película que nos cuenta la historia de una filmación o nos muestra detalles de la vida de los personajes de la industria. En este caso, es nostálgico el recordar a dos figuras grandes de la actuación que tenían dos maneras tan distintas de ver a su profesión.

Sin embargo, My Week with Marilyn no pasa de ser un film sencillo que relata de manera superficial las anécdotas que rodearon la filmación de una película. No estamos ante un estudio de personalidad, ni mucho menos ante una historia compleja.

Por el contrario, la narración es bastante simple, sin abordar de manera directa los verdaderos conflictos existenciales que tenían sus protagonistas; sino más bien presentándolos de manera acartonada y dentro de estereotipos que podrían verse en cualquier documental o película para la televisión.

Si bien es cierto, en algunos momentos el director de la película, Simon Curtis, trata de usar recursos para mostrar la presencia espectacular que poseía Marilyn, estos momentos son aislados y se pierden en el resultado final.

Me parece que otro gran desacierto es querer presentar a tantos personajes, incluyendo a Arthur Miller y Vivien Leigh, y tratar de descubrirlos como a los protagonistas. Al final, eso no se consigue y la cinta solo esboza a estas figuras, dejando incluso cabos sueltos como los celos de Vivien Leigh o el libro que Miller estaba escribiendo sobre su esposa.

Los mejores momentos de la cinta son aquellos en los que vemos a Marilyn Monroe jugando al enamoramiento adolescente con uno de los asistentes del director. Son en esas escenas donde el director se mueve con frescura, sin apasionamientos. Podemos ver el lado humano y frágil de una mujer que concentraba las miradas de todo el mundo.

Pero lo mejor de la cinta son las dos actuaciones principales, es decir la de Michelle Williams como Marilyn Monroe y Kenneth Brannagh como Laurence Olivier. Y ambas actuaciones son totalmente distintas y hasta diría opuestas. En el caso de Brannagh, su actuación como Olivier casi limita con la imitación. Por momentos, parecía que estaba viendo al mismo Olivier en pantalla, Brannagh que fue discípulo en la vida real del legendario actor, imita los gestos, las maneras exageradas y esos largos discursos que tenía el viejo Sir Laurence a la perfección. Es decir que Brannagh usa la técnica de actuación que usaba el mismo Olivier en sus propias actuaciones.

Por el contrario, la actuación de Michelle Williams no es una imitación de la glamorosa actriz. Williams crea un personaje aparte, especial, único, frágil y lleno de encantos. Podía haber sido Marilyn Monroe pero también podía llamarse Elizabeth Taylor o Judy Garland. El personaje de Williams es multidimensional y pasa con una vitalidad increíble de una emoción a otra en cuestión de segundos. Michelle Williams es una de las mejores actrices de su generación y en esta actuación está en su mejor momento, vulnerable, frágil, atractiva, sensual y sobre todo con una capacidad camaleónica que concentra todo tipo de atención en todas las escenas en las que aparece ella.

Hay que aprovechar para ver My Week with Marilyn, que si bien es una cinta irregular cuenta con dos grandes actuaciones que se merecen todos los laureles recibidos. Más aun cuando estamos a punto de ser bombardeados por los blockbusters de Hollywood que carecen de contenido artístico en el mayor de los casos. My Week with Marilyn, a pesar de sus defectos, no deja de ser interesante y para aquellos que gustan de historia del cine y sus actores les va encantar.